Frase mítica de la también mítica comentarista de las pruebas de gimnasia en TVE: “No se complica la vida”. Esto, aplicado a niñas que desde los ocho años (o menos, porque las chinas no aparentan la edad que dicen tener) viven sumergidas en un entorno de máxima presión y de búsqueda de la perfección, es la mayor paradoja que uno puede oír en los Juegos. Las chicas de gimnasia llevan complicándose la vida desde que decidieron ser pequeñas figuras a las que, llegado el momento, se les viste con mallas ajustadas, se les maquilla hasta la exageración (iba a decir algo peor) y se les echa esa horrible brillantina para que busquen el 10. Bueno, el 10 ya no, porque las notas han cambiado y ahora es incomprensible saber cuál es el máximo de puntuación que pueden obtener.
Así que porque una de ellas no haga cinco piruetas más, tampoco es suficiente razón como para decir que no se ha complicado la vida. Que se lo pregunten a Lenika de Simone, la pobre española de origen estadounidense que ha vivido recluida durante años en busca del ejercicio perfecto para que las lesiones, la muerte de su padre y una desafortunada caída en la salida, cuando ya lo tenía en su mano, la hayan devuelto a la realidad. Y todo eso siendo aún una adolescente: fijo que se hace emo.
Al menos, en otros deportes sufren cuando la mente ya está preparada. Salvo que seas Ricky Rubio, claro, que con sus 17 años se fue a por el partido contra China cuando quedaban sólo 6 segundos y había empate en el marcador. Un empate, además, que había costado Dios y ayuda, porque los españoles salieron con la caraja y tuvieron que remontarlo todo en un estirón final de impresión.
El caso es que Ricky pilló la bola y se metió hasta la cocina entre la muralla china (¿en serio aún nadie había utilizado un juego de palabras tan fácil¡Ah, no, El País utilizo otro aún peor para titular: “La tortura china“), sólo para fallar la canasta y condenarnos a la prórroga. Lo repito: este chaval tiene un descaro tan impresionante que, si lo mantiene, le va a hacer muy grande.
Memorable el momento en el que Ricky recoge un rebote al borde de la zona de tableros, amaga con irse a la línea de tiro exterior y, en un nanosegundo, se la da por la espalda a Gasol, mientras los chinos se iban todos para otra parte. Hasta el momento, la jugada más bonita del torneo de baloncesto, mejor que cualquiera de las acrobacias estadounidenses.
Esta noche, los de basket han vuelto a ganar y esta vez sin sufrir, pero como no les he visto, no voy a decir nada. No como otros, que se hacen crónicas sin ver los partidos. Y sin sufrir, que para eso ya están los españoles de balonmano, que van a tener que pasarse todo el campeonato así si quieren aspirar a algo.
Sigue la maravilla Phelps y sus colegas se deben haber contagiado, porque el relevo estadounidense ha bajado en cinco segundos el récord del mundo. Lo dicho: más allá de Phelps, los fabricantes de trajes de natación deberían ser nominados al Nobel. Qué coño: después del salto tecnológico que ha permitido estos récords, que les den a ellos el testigo de la lucha contra el cáncer. En cuatro meses, solucionado. No, en serio, si es sólo por la piscina, se demuestra mi teoría: los chinos son extraterrestres que conocen las claves del mundo y nos enviaron a los japoneses primero como avanzadilla para acostumbrarnos a sus métodos. Pero ya están aquí, tú eres el siguiente (dicho con el tono de La invasión de los ladrones de cuerpos).
El momento español del día lo protagonizó Alberto Contador. Llevó al orgasmo a los (penosos) comentaristas de ciclismo cuando pasó primero con diferencia en el primer punto de control, y luego se deshinchó hasta quedarse fuera de las medallas por ocho segundos. Cuarto. ¿Hay un puesto mejor que ése? ¿Y hay mejor manera de lograrlo que así, hundiéndose? Si Contador fuese nadador, se hubiese ahogado tras ir en tiempo de récord. Por cierto, que volviendo a la natación, estoy seguro de que, gracias a los avances tecnológicos, Moussambani no pasaría apuros para pulverizar el récord de su país.
Y aquí, en La Rioja, tenemos a nuestro propio representante del espíritu puramente español. Luis Martínez Encabo es un gran tirador (de tiro olímpico) que, sin embargo, no ha tenido suerte. Es un tipo peculiar, como todos los que se dedican al tiro, cuya búsqueda de la perfección les obliga a un esfuerzo mental que los de fuera no podemos imaginar. Lo malo, lo que debería saber Encabo, es que cuando pierdes, pierdes. Porque si te pones a dar excusas, y son tan chungas como éstas, quedas como todo un friki. Ya lo decían los Replacements: Kick your door down
De vez en cuando, la prensa hace el ridículo. Y la prensa deportiva, más. En este caso, lo está haciendo en menos de dos días. Hace unas horas se nos vendía una crisis de ansiedad como “la presión que sufren los deportistas olímpicos”. Pobrecitos. Hoy, se utiliza a Maribel Moreno como cabeza de turco.
En el fondo, es bonito que nos hayan pillado en unos Juegos, donde la visibilidad del delito es mayor. Desde que hace unos años la Guardia Civil destapara la Operación puerto, que involucraba a muchos corredores del pelotón en una trama organizada de dopaje, este país ha sido el único que no ha hecho los deberes. De todos los nombres de tramposos que aparecían en la lista de la Benemérita, sólo han pagado los extranjeros o los pequeños ciclistas. Pero sigue habiendo nombres claves del pelotón español que han salido de rositas, pese a que las evidencias eran obvias. Por ejemplo, las iniciales A.C. Por ejemplo, la bolsa marcada como “18 - Valv (piti)“.
Es curioso, pero mientras gente como Ullrich o Basso han tenido que admitir que se estaban dopando, ¿cuántos son los españoles que lo han hecho (ciclistas o no)? Aquí, en cuanto salta un caso, siempre se acude a los defectos de forma, a la persecución, a poner a tu pueblo de tu lado y hacer manifestaciones (¿Se acuerdan de Roberto Heras? Pues Béjar salió en masa a defender a un tramposo). O, peor, se recibe al culpable, al tramposo, como un héroe cuando vuelve del destierro. ¿O es que a los aficionados del Athletic de Bilbao que ovacionaron a Gurpegui tras sus dos años de sanción les gustaría que, en sus partidas de mus, el contrario llevase cartas marcadas?
Algunos diréis: “¿y qué te crees? ¿Que toman verduritas para subir como suben, para andar como andan? lo hacen por el espectáculo”. Pero esto es falso: los ciclistas van ahora como caballos de carreras. Cada año tiene que subirse la media. Ha habido Tours que se han hecho a ¡más de 43 kilómetros por hora de media! Eso no es espectáculo: espectáculo se puede ver también yendo a 20 por hora, porque la lucha va a seguir siendo la misma, y las diferencias puede que mayores. Habrá más emoción y menos robots por las carreteras.
La otra opción es la que también se oye mucho: “barra libre”. Pues no, y no la voy a defender con el argumento manido de “la salud del deportista”, porque hace tiempo que el deporte profesional dejó de ser sano. Si hay barra libe, que la haya en igualdad de condiciones. Porque otra de las mentiras que destapó la Operación Puerto es que, cuando todos se dopan, los mejores siguen siendo los más dotados. No, miren, no: la cosa es que el que pone más dinero en la red de dopaje, recibe beneficios mayores. Si tú quieres ganar, debes pagar por ello. Otros que también pagan, no van a ganar porque han puesto menos dinero y se les ha dado menos cantidad o peores drogas. Así que no hay igualdad de condiciones. Un deporte manipulado es lo peor que le puede pasar al espectador. Peor incluso que todos los participantes estén jugando con sus vidas.
La cuestión es: ¿Por qué en España nos golpeamos el pecho diciendo que vamos limpios y en los dos últimos años dominamos el ciclismo mundial? ¿Qué pasa? ¿Tenemos un gen especialmente dotado para ese deporte y no lo habíamos descubierto? Entre los medios de comunicación gusta mucho vender la idea de los ciclos deportivos, pero no deja de ser una mentira para crear mitos, dioses terrenales, héroes y sus correspondientes epopeyas y dioses terrenales. Si todo va tan bien en el ciclismo español de repente, y otros países clásicos están casi desaparecidos, algo raro hay.
En el fondo, seguro que la mayoría de los deportistas viven al límite del control antidopaje. Que se ponen con el tiempo justo para que luego desaparezcan rastros. Pero, claro, como le ha pasado a Maribel Moreno, si te pillan nada más bajar del avión y no te lo esperabas, lo normal es la crisis de ansiedad. Ahora bien, que no nos la vendan como la cabeza de turco. Cuando el propio Lissavetzky se niega a saludar a campeones ciclistas, es porque sabe que no puede fiarse. Pero él es el último responsable, por no poner en marcha es supuestamente maravilloso plan antidopaje que nos llevan vendiendo desde hace tiempo. En eso, cómo no, somos especialistas. En vender humo.
Por último (y prometo que mañana hablaré sólo de deporte) no puedo otra cosa que manifestar mi asombro cuando veo que en todas las competiciones de natación se están batiendo, y de sobra, récords mundiales. En todas. Vale que Michael Phelps sea un portento (sí, creo en los genios deportivos, como en los de otros aspectos de la vida; hay gente que está especialmente dotada para una cosa), vale que la piscina sea una maravilla tecnológica. Pero ¿en serio en cuatro años ha avanzado tanto la investigación en la natación para que, en una misma carrera (los relevos 4×100 masculinos), haya tres equipos en tiempos de nuevo récord del mundo? ¿Y por qué la natación femenina está batiendo algunas de sus marcas más duraderas?
Definitivamente, Morphine no tenían razón: sí hay una cura para el dolor. Hay una cura para absolutamente todo. Y que alguien le diga a Richard Ashcroft que deje de llorar: the drugs work. Vaya que sí funcionan.
Y mientras pasan los JJJOO, El Ruido de la Calle estrena podcast, pero esta vez de verdad, no como en el lejano primer intento. Ahora hablamos (bueno, hablo yo solo, es lo que hay). He aquí un pequeño guión de lo que podéis oír, si queréis:
-Espanto y Antonna vs Chinarro y la crisis inmobiliaria. Compra en Birra y Perdiz.
-Holly Golightly explica por qué este podcast no es dañino para la salud.
-El consultorio musical: Más razón que Mano de Santo.
-La canción del verano, de este año, nuestra canción.
-Los reyes que vienen y van y los Dodos que ya no desaparecen (¿O era Stephin Merrit?)
-¿Por qué no ir a los conciertos de Bruce Springsteen es magnífico para la salud de The Hold Steady?
-Y un lindo mensaje final…
El molesto ruido del micro es culpa de mi ventilador. Los fallos en la dicción, culpa mía. Y al desastre en general de la primera edición del podcast se le llama pagar el pato.
La descarga directa se hace pinchando en este enlace. El feed rss en el que está alojado el podcast es éste. También lo podéis encontrar desde ya en Itunes.
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